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Primer retrato y documento: El evangelio de Judas

En el año 2006, Evans estuvo entre los eruditos bíblicos que develaron la cuestión del largamente perdido  Evangelio de Judas, des­ cubierto hacia fines de 1970, y que recorrió un largo camino hasta acabar convirtiéndose en el centro de un intenso interés mundial.

Las pruebas de carbono 14 fecharon ese papiro entre los años 220 y 340 d.C., aunque muchos eruditos se inclinan más por los años 300 a 320. El evangelio original, sin embargo, fue escrito antes del año 180, que es cuando Ireneo, uno de los padres de la iglesia, advirtió en contra de esta «historia ficticia» (Against Heresies 1.31.1).

Su declaración más sensacional se refiere a que Judas Iscariote fue el mayor de los discípulos de Jesús, el único que pudo comprender las enseanzas más profundas de Cristo, y que los dos habían conspirado juntos para arreglar la traición de Jesús. Se cita a Jesús diciendo: «Tú los sobrepasarás a todos, porque sacrificarás al hombre que me viste.» Si fuera verdadero, arrojaría sobre Judas y Jesús una luz muy diferente de la aceptada tradicionalmente.

-Hay algo que pueda considerarse histórico con respecto a Jesús y Judas en este documento?  -pregunté.

-Probablemente, no -señaló Evans-. Notemos, de paso, que el documento se titula el «Evangelio de Judas», y no el «Evangelio según Judas», tal como lo hacen los evangelios del Nuevo Testamento. Así que quienquiera que haya escrito este documento puede haber querido indicar que no se debe entender a Judas como el autor del evangelio, sino que éste constituye un evangelio sobre Judas. De cualquier modo, fue escrito mucho después de la muerte de Judas. Pero aun así, tiene significación histórica.

-¿Cómo es eso?

-Nos dice que Ireneo sabía de lo que hablaba cuando escribió acerca de que este evangelio existía, lo que constituye otro punto a favor de su credibilidad. Nos dice bastante con respecto al gnosticismo del segundo siglo y quizá de un grupo denominado los cainitas,que nos resultan un poco misteriosos.

-¿Qué es lo que ellos creían?

-Se identificaban con los villanos de la Biblia -me dijo-. Creían que el dios de este mundo era malo, y que realmente solo podía ser un héroe cualquiera de aquellos a los que él odiara. Así que iban detrás de Caín, Esaú, la gente de Sodoma; y, naturalmente, Judas encaja allí de modo natural. Específicamente, hasta qué punto es positiva la imagen de Judas delineada en este nuevo texto, es una cuestión a dilucidar.

Le dije:
-Usted y los otros eruditos han sido cuidadosos en cuanto a advertir que este evangelio realmente no nos comunica nada confiable con respecto a Jesús o a Judas. Pero yo he notado por ahí todo tipo de especulaciones insensatas. ¿Le preocupa eso?

-Desafortunadamente, eso refleja lo que ya hemos visto con respecto a algunos de estos otros evangelios -me respondió-. Solo porque algo aparezca en la pantalla o en un libro, eso no significa que sea verdad. Yo advierto a la gente que procuren aplicar las pruebas históricas que he mencionado anteriormente y que luego traten de emitir un juicio bien razonado en lugar de dejarse influenciar por algunas irresponsables teorías de conspiración y otras tonterías históricas.

Un examen a los cuatro Evangelios de la Biblia

Todo esto me lleva de nuevo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. ¿Salen airosos estos Evangelios cuando se los sujeta a un escrutinio histórico? Le pregunté a Evans acerca de cuáles conside­ raba como los mejores criterios para evaluar su confiabilidad.

-Uno de los criterios que los historiadores utilizan es la multiplicidad de testigos -me respondió-. En otras palabras, cuando dos o tres de los Evangelios dicen lo mismo independientemente (como suelen hacerlo) eso entonces traslada todo el peso de realizar las comprobaciones a los que señalan que todo ha sido inventado. También está el criterio de la coherencia. ¿Son coherentes los evangelios con todo lo que conocemos acerca de la historia y de la cultura de Palestina durante los años 20 y 30 d.C.? En verdad podemos decir que están llenos de detalles que se pueden considerar correctos, gracias a ciertos descubrimientos arqueológicos.

-Luego está la cuestión de la fecha. Los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) fueron escritos durante el lapso de una generación a partir del ministerio de Jesús; Juan lo hizo dentro del límite de dos generaciones. Eso nos anima a entender que son confiables, debido a que fueron escritos en un plazo muy cercano a los acontecimientos, de modo que no podrían haber salido airosos transmitiendo una  sarta de mentiras. Y no encontramos que hubiera personas antagónicas a los evangelios o que repudiaran o refutaran lo que ellos decían.

-Y luego contamos con el tesoro maravilloso, del punto de vista de cualquiera de los historiadores. Julio César murió en el 44 a.C., y el historiador Suetonio habló  acerca de él en los años 110-120 d.C. Eso constituye una diferencia de 155 a 165 años. Tácito hizo lo mismo. Los Evangelios lo han hecho mucho mejor.

-¿Qué fechas indicaría usted en cuanto a su redacción?

-Se han presentado argumentos muy convincentes en cuanto a los tres sinópticos a favor de fechar su redacción entre los años 50 y 60. Yo personalmente colocaría el primer Evangelio, Marcos, en los años 60. Creo que Marcos debe haber sido escrito bajo la sombra de la guerra judeo-romana de los años 66-70. Jesús dice en Marcos 13:18: «Oren para que esto no suceda en invierno». Bueno, no sucedió en invierno; sucedió en verano. Esta frase tiene sentido si Marcos vio la luz cuando la guerra estaba en marcha o a punto de suceder. Pero si se hubiera escrito en los años 71 o 72, como algunos han especulado, sería raro que se hubiera incluido esta declaración.

Lo interrumpí.

-Pero sea que Marcos se haya escrito en los años 50 o 60, usted sugiere igualmente una fecha muy temprana.

-Sí, absolutamente. Jesús murió entre los años 30 y 33 d.C.; muchos eruditos se inclinan más por el año 33. Eso significa que cuando el Evangelio de Marcos se redactó, algunos de los seguidores y discípulos más jóvenes de Jesús tendrían unos 50 o 60 años. Otras personas de 30 y 40 años deben haber crecido escuchando las historias acerca de Jesús de parte de testigos presenciales. La densidad del número de testigos resulta muy significativa. Y, por supuesto, no olvidemos que la mayoría de los escritos de Pablo fueron redactados con anterioridad a los Evangelios.

-Entonces, ¿cuál es su evaluación en cuanto a su confiabilidad?

-Yo diría que los Evangelios son esencialmente confiables, y hay una gran cantidad de otros eruditos que están de acuerdo. Tenemos todas las razones a favor para concluir que los evangelios informan con exactitud y justicia acerca de los elementos esenciales de las enseñanzas, vida, muerte y resurrección de Jesús.

-Son lo bastante tempranos, están arraigados en las corrientes adecuadas que se remontan hasta Jesús y la gente original, tienen continuidad, hay proximidad, se han verificado ciertos puntos específicos a través de la arqueología y otros documentos, y existe una lógica interna. Eso es lo que les da consistencia.

Finalmente, era difícil estar en desacuerdo. La imagen distorsionada de Jesús promovida por los gnósticos simplemente se desvanece como un espejismo cuando se la expone a un escrutinio, en tanto que una vez más la imagen bíblica de Jesús se vuelve aun más cierta cuando examinamos los hechos.

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